
Ayer fui al cine con Felipe, a ver El Libertino. Me impactó en muchos sentidos. Primero las actuaciones de Johnny Deep y de Samantha Morton, estuvieron espectaculares. A él lo he visto en montones de películas, haciendo gala de su diversidad actoral, pero a ella sólo la vi en Sentencia Previa y su actuación me había gustado, pero acá..... la encontré notable, digna de un oscar.
Ahora bien, la envolvente figura de un personaje brillante, misterioso y oscuro como el demonio, un hombre que no ama nada, ni siquiera a si mismo, me resultó tan atrayente como repulsiva. Sin embargo, está evidentemente bien logrado, cuando produce tan contradictorias sensaciones.
Algunos diálogos me parecieron muy interesantes, como cuando él, ya enfermo y decadente va a ver a su amada y trata de explicarle que él la quería, no de amante, sino que de esposa y ella le aclara que ella lo dejó no porque se aburriera del rol de amante, sino que porque se aburrió de él y que nunca pretendió ser su esposa ni la de nadie, que su pasión estaba en el teatro y en el brillo de estar en escena, en el placer que sentía que gente de todos lados fuera a verla a ella. Luego él le dice que nunca va a perdonarle que le haya hecho querer la vida y ella le dice que gracias a él ella descubrió su propia vitalidad, así que están a mano. Notable!!!
Ambos personajes son absolutamente interesantes, profundos, llenos de humanidad y de frialdad, de pasión y de desprecio, son tan intensos y tan complejos que es imposible no admirar la forma como son interpretados por los protagonistas, la forma como logran transmitir al espectador toda esa decadencia y brillantez de una época que a veces no parece tan lejana.